La publicidad, por lo regular, es bella. Siempre debe ser atractiva, porque, si no lo es, pasa desapercibida. Es aquí donde entra su función estética y no solo de lo que es bello, sino más bien de lo armónico: debe adornar nuestro medioambiente, hacer que nos volvamos para verla, y que al hacerlo nos guste o nos impacte su mensaje.
Para lograrlo, emplea una cantidad de recursos creativos, con imágenes, juegos de palabras, etc.
Para lograrlo, emplea una cantidad de recursos creativos, con imágenes, juegos de palabras, etc.